Bienvenidos
Un hotel que es, en sí mismo, un destino
Sol y Luna está construido sobre varios terrenos de montaña cubiertos de selva nublada, con cabañas que se integran entre los árboles y vistas que se abren sobre el valle cada vez que las nubes se corren. No hace falta salir del predio para pasar el día entero explorando: tiene sus propios senderos, dos miradores y hasta cascadas a un par de horas caminando.
Es un lugar pensado para desconectar de verdad — sin TV, sin ruido de ciudad, con el canto de los pájaros como única banda sonora — y por eso hay huéspedes que vuelven después de veinte años y lo encuentran igual de mágico.